Hassan ansioso nos muestra el cuadernillo que utiliza para aprender a escribir en inglés y muestra con orgullo cómo se escribe "Nurredin" el nombre de su hermano menor. Juegan a pelota en un pequeño espacio junto a la cocina, donde su madre ha colgado la ropa lavada bajo un improvisado cobertizo de lona. Nacidos ya como refugiados en Siria, los dos niños y su hermana bebé nunca han puesto un pie en suelo iraquí. En 2006, pocos meses antes del nacimiento de Hassan, sus padres huyeron de Iraq en busca de seguridad en Siria.
La familia tomó la decisión de huir por la violencia. Su padre, Salah, fue secuestrado en su peluquería de Bagdad. Se lo llevaron varios días y lo torturaron. Fue víctima del aumento de la violencia sectaria y de la intolerancia ante los matrimonios mixtos: Salah es suní y su esposa, Nour, es chiíta.
Después de tres meses viviendo oculto en casa de su familia política y simulando ser chií, Salah tomó la decisión de escapar a Siria. Llegaron a Alepo en 2006.
Viven humildemente en un barrio densamente poblado en Alepo, en una casa de una sola habitación, que sirve como sala de estar durante el día y de dormitorio por la noche, con una pequeña cocina y un cuarto de baño. Sin un techo adecuado, las condiciones climáticas extremas en Oriente Medio - calor en verano y frío en el invierno - pueden hacer que la vida sea muy dura tanto dentro de casa como fuera.
Como consecuencia de las torturas que sufrió, Salah es incapaz de hacer un trabajo físico, lo que hace que sea más difícil llegar a final de mes.
"Cuando sueño o pienso acerca de lo que pasó, puedo sentir el dolor aquí", dice, señalando a los hombros.
Sus cicatrices psicológicas son peores que las heridas físicas. En los años que han estado en Siria, su padre, su madre y su hermano han muerto, y él no pudo volver a casa para enterrarlos. Ahora teme que nunca pueda regresar a Iraq.
Muchos iraquíes tienen una sensación de déjà vu, cuando ven las noticias sobre el deterioro de la seguridad en Siria. Les trae a la memoria su pasado reciente, incluso provocándoles pesadillas. La situación de seguridad en Iraq sigue siendo preocupante, y muchos de los refugiados que contactan con el JRS no muestran ningún deseo de regresar a sus hogares por temor a ser otra vez víctimas.
Aparte, trasladarse a un país vecino no es una buena opción ya que sus solicitudes de reasentamiento a terceros países (Australia, Canadá o EE.UU.) podrían retrasarse, o peor aún, ser anuladas.
Un futuro incierto. Como cualquier padre normal, Salah está preocupado por el futuro de sus hijos y de su hija. Aún son menores de cinco años, pero pronto tendrá que enviarlos a la escuela. Los dos niños son alegres, curiosos e inteligentes. Mientras que Nurredin es tranquilo y serio, Hassan es travieso. Ellos están fascinados por la cámara fotográfica y su pantalla, tratando de presionar todos los botones.
Como madre, Nour está preocupada por sus hijos, su nutrición, la salud y la necesidad de que su marido encuentre trabajo. Además, su hija está enferma, tiene fiebre. Sus ojos oscuros están vidriosos y solloza en el regazo de su madre.
El equipo del JRS visita con regularidad a Salah y su familia. Parte de la misión de acompañamiento del JRS es dar testimonio y escucharles. Este enfoque conforma el servicio de la organización y su trabajo de incidencia política. Cuando hace falta y es posible, los equipos derivan a los refugiados a médicos, asesores legales y otros especialistas. Para Salah, esto significa que su hija reciba atención médica, ropa de abrigo y mantas para los niños cuando el invierno se recrudece.
El acceso a otros servicios, incluidos los gestionados por el JRS, puede ser todo un desafío. La distancia es un obstáculo para muchos refugiados urbanos que viven lejos del centro de Alepo. No pueden pagar los costes de transporte para llegar al centro del JRS, que les brindaría la oportunidad de conocer a otros iraquíes y sentirse parte de una comunidad.
La búsqueda de soluciones al problema del transporte, que a menudo es una causa del aislamiento de los refugiados, es una de las principales preocupaciones del JRS para poder ampliar los servicios a los a los que se encuentran en las circunstancias más vulnerables.
Zerene Haddad, JRS Oriente Medio y África del Norte
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