El taller, de cuatro sesiones, se realizó el pasado mes de febrero con el objetivo de ofrecer a las mujeres la oportunidad de expresar sus emociones y hablar sobre las cuestiones diarias a las que se enfrentan, pero que a menudo ignoran, debido a su situación como refugiadas.
Facilitado por Gina Achjim, voluntaria del JRS, las participantes analizaron la importancia de la autoexpresión a través de la pintura. De entrada, se les pidió que analizaran una serie de obras de artistas iraquíes y sirios para mostrar que unas mismas imágenes se pueden apreciar de manera diferente, y que la manera en que éstas se perciben refleja las propias circunstancias o emociones.
Con la ayuda de música relajante, pasaron a pensar en sus circunstancias actuales. El ejercicio les ayudó a ver que sus percepciones están estrechamente relacionadas con sus circunstancias personales: sus presiones cotidianas, el deber de atender a sus familias, y lo incierto del futuro.
La sesión culminó con la creación de dibujos realizados por las mujeres con pinturas, pasteles o bocetos al carbón mediante los que capturaron las emociones que surgieron durante la meditación. El grupo analizó los dibujos. Cada mujer mostró el que hizo a las demás y explicó lo que significaba para ella.
"Hemos creado un ambiente de silencio, para que las mujeres pudieran expresar sus propios sentimientos. A través de sus dibujos pudimos sacar a la luz temas sensibles para ellas", dijo Gina.
Muchas mujeres dibujaron sus casas en Iraq, algunas con verdes jardines, otras mostraron casas vacías y destruidas. El sentimiento de desarraigo y de estar "en movimiento" fue un tema recurrente, al igual que la nostalgia por el pasado. El miedo a la incertidumbre, la soledad, la tristeza, el estrés, la opresión y el envejecimiento también fueron representados en sus pinturas, en forma de árboles sin hojas o de un sol negro.
Selwa Antoine, de 69 años, mujer iraquí de Mosul y que ha estado en Siria siete años, tituló su dibujo, nostalgia.
"Aquí puede ver mi casa y su jardín en Iraq. Y yo estoy en medio. Quería expresar mi fuerte apego a este lugar. La chimenea está cerrada, lo que significa que ya nadie está viviendo allí. Dejamos la casa cuando vinimos a Siria. Nunca antes había dibujado o pintado... pero cuando lo hice el dibujo me pareció que expresaba mi nostalgia", dijo Selwa.
Estrategias para la resolución de problemas. "A pesar de la guerra, la pérdida de mi marido y de todos los problemas de vivir en el exilio, aquí tengo una vida rica y fructífera", dijo una mujer iraquí.
Algo que todas tenían claro era su firme fe en Dios. La fe es su principal apoyo en la vida, especialmente en los momentos de temor y desesperación.
Las mujeres eran conscientes de que para escapar de la realidad se implicaban en demasiadas actividades y en hacer cosas inútiles, en lugar de tomarse un momento para reflexionar sobre lo que sucede a su alrededor. Coincidieron en la importancia de reconocer cuáles eran sus propias necesidades y de no dedicar todo el tiempo sólo a responder a las necesidades de los demás.
Las hijas de las mujeres fueron invitadas a participar en la sesión final, donde se reflexionó sobre las diferencias generacionales. El taller sobre arte se convirtió en una herramienta para reducir tensiones y solucionar malentendidos entre ellas.
"He aprendido muchas cosas nuevas en este taller. Antes nunca había oído hablar de 'la lectura de un cuadro". Y nunca creí que fuera capaz de pintar, pero ahora me gusta mucho. Me agrada la idea de una relación entre madre e hija basada en la confianza y la amistad", dijo Nour, una mujer iraquí de 24 años.
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