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Rezando con los refugiados en el Congo
01 febrero 2012

Independientemente de la nacionalidad, raza, religión, estatus socioeconómico o género, cualquier humano tiene el derecho fundamental a una vida decente y a poder vivir seguro, en paz y dignidad. (JRS)
Goma, República Democrática del Congo, 1 de febrero de 2012 — El conflicto más sangriento del mundo y el uso sistemático de la violación como arma de guerra son una realidad en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Durante casi dos décadas, la gente del este de la RDC se ha visto atrapada en una enmarañada red de grupos armados — desde rebeldes extranjeros hasta el propio ejército del Congo — que se nutren de los civiles congoleños y, con la colaboración de gobiernos y corporaciones multinacionales, expolian el país de sus inmensas riquezas naturales.

Se calcula que hay dos millones de desplazados internos en la RDC por los conflictos armados. La situación se caracteriza por una crónica y creciente violencia sexual y de género contra las mujeres y las niñas, algo que sigue siendo uno de los mayores desafíos.

Atrapados entre un ejército congoleño abusivo y unos grupos rebeldes depredadores, a los que se suma una retahíla de milicias, decenas de miles de congoleños siguen desplazados.

Reflections for Prayer
Independientemente de la nacionalidad, raza, religión, estatus socioeconómico o género, cualquier humano tiene el derecho fundamental a una vida decente y a poder vivir seguro, en paz y dignidad. Por desgracia, este es más un sueño lejano que una realidad para cientos de miles de personas desplazadas internas en el este de la República Democrática del Congo.

Tate Hélène es una de ellas. Ella es una mujer mayor, una desplazada del campamento de Bukombo. Bukombo es una aldea cercana a un territorio controlado por diferentes grupos armados. Llegó aquí con su hija y tres nietos.

Una noche, mientras esperaba en un centro de tránsito que le dieran una pequeña parcela donde levantar su cabaña, sufrió un síncope y quedó medio paralizada. Aquella misma noche, se oyeron disparos en el campamento. Todo el mundo, presa del pánico, huyó en todas direcciones. Ella también quería correr, pero no podía moverse.

La mujer está con el dilema de si dejar de vivir o seguir viviendo aun cuando el futuro se presenta totalmente aciago. El personal del JRS que trabaja en el distrito de Masisi trata de darle ánimos. Ella dibuja en su rostro una bella sonrisa cada vez que la visitan.

La historia de Tate Hélène refleja la de millones de desplazados en la región. Ellos tienen un sublime deseo en la vida: poder regresar a sus aldeas y poder vivir seguros, en paz y con dignidad.


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